LA RED DE ESPIONAJE DE LORENZO SAN MIGUEL MARTÍNEZ

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Los policías encargados de desarticular la red de espionaje recogen de los primeros detenidos la información de que un teniente coronel de Ferrol colaboraba con ellos. Sorprendentemente no se vuelve a hablar de este misterioso personaje en todo el expediente,ni para confirmar ni para desmentir la información.

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Si meses antes ocultaron –como veremos más adelante– la intervención en la explosión del polvorín de Caranza de un simple soldado raso,no iban a dar publicidad a la implicación de un teniente coronel en tareas de espionaje.
¿Hubo una “solución discreta” para este caso?
De momento, lo que puedo decir es que hasta ahora no he podido descubrir ningún indicio de que alguno de los tres tenientes coroneles de Ferrol estuviera realmente implicado.La prueba puede aparecer en el futuro, pero ahora mismo debo pensar que lo más plausible es que tal “fichaje” era simplemente un farol de Lorenzo San Miguel Martínez, aunque,si es así, ¿por qué los investigadores no reconocen abiertamente que se trataba de una falsedad o de una equivocación? La novia del espía, Beatriz Vázquez Rial Vivía en la Plaza de Ferrándiz 22,1º. Formaba parte de una familia numerosa. Su padre había sido guardia jurado en la Constructora Naval y su madre, limpiadora en la misma empresa.Ambos percibían una escasa pensión de jubilación. Un hijo legionario murió en la batalla del Ebro y otros
dos estaban en la Guardia Civil. Además, tenían cinco hijas, una de ellas monja y otra casada con un militar de carrera, el capitán de artillería Narciso García Burguete. Para sobrevivir mejor en años de tanta penuria, Beatriz y su hermana Elena, que eran uña y carne, tenían una escuela de parvulitos en su casa. Algunos vecinos las recuerdan siempre juntas, muy bien arregladas, deseosas de ascender socialmente.Era una familia muy religiosa, de derechas y conceptuada como adicta por las autoridades franquistas. Beatriz estaba afiliada a la Sección Femenina de la Falange, en cuyas oficinas trabajó como mecanógrafa durante la Guerra Civil. En 1946, el que había sido delegado de Orden Público, Pagola Biriben, le firmó una carta de recomendación.Una vez iniciada la desarticulación de la red de espionaje, Beatriz y Elena fueron vigiladas durante quince días para comprobar si en ellas se observaba algo anormal o recibían la visita de Ángel Monge Antón. Al dar resultado negativo, fueron interrogadas y sus declaraciones coincidían con los datos que poseía el juez instructor,que, en resumen, eran los siguientes.
En el transcurso de las tradicionales fiestas de Amboage a finales de agosto de 1942, ambas hermanas conocieron en una tómbola a Lorenzo San Miguel Martínez, quien, junto a otro chico cuyo nombre no fueron capaces de recordar, entabló con ellas una conversación propia de gente joven. Con ocasión de posteriores llegadas a Ferrol, Lorenzo San Miguel le pidió a Beatriz entablar relaciones de noviazgo y ella aceptó. Esto ocurrió en noviembre de 1942. A partir de ese instante venía cada quince días a Ferrol y se cruzaron numerosas cartas. Naturalmente, la muchacha ignoraba cuáles eran las verdaderas actividades de su novio y se mostraba encantada con los aires desenvueltos y con su
desahogada situación económica, que procedía,según le decía, de sus negocios de compraventa de maquinaria y transporte.Sin embargo, la ferrolana observaba que había algo raro en el comportamiento de su novio porque le daba unos simples apartados de correos para mantener correspondencia. Llegó a pensar que se trataba de una persona
casada. Beatriz Vázquez Rial mandó una carta al cura párroco que atendía la parroquia a la que pertenecía la calle (número 29 de la calle Herreros) que figuraba en el membrete de las cartas que Lorenzo San Miguel Martínez le mandaba usando el nombre falso de Juan Martínez Martínez. Le suplicaba que le diera informes de su novio. El mencionado sacerdote le contestó diciendo que esta persona era desconocida y que esa dirección era precisamente
la Casa Parroquial. Por lo tanto, debía tratarse –le dijo el sacerdote– de un “petardista”.A la vista de esto, Beatriz le pidió a su novio sus señas particulares para que ella pudiera hacer averiguaciones y le rogó que no volviera a escribir sin mandarle su verdadera dirección. Larespuesta fue una atenta y –aparentemente– sentida carta de Lorenzo San Miguel, fechada en septiembre de 1943, dando por rota la relación y rogándole el perdón.
La ferrolana debió quedar muy afectada por esta situación y a los pocos años se marchó de Ferrol, según confesaba a sus allegados,asqueada de una ciudad “llena de cotillas” en la que “despellejan a la gente”. En 1966 emigró a Colombia y se casó.Regresó a España en 1983 y murió en 1998.


¿Hubo intención de captar a Beatriz como integrante de la red de espionaje?

Según confesó la ferrolana, aparte de un par de comentarios despectivos sobre la Falange y la Guardia Civil,le enseñó fotos con buques de la Armada disparando (por lo tanto,se supone que sacados de unas maniobras). Lorenzo San Miguel llegó incluso a llevar a Ferrol para presentárselo a Elena Vázquez a su mano derecha en la red de espionaje, Ángel Monge Antón, un bilbaíno al que las hermanas encontraron “culto y fino”. Era delineante, la persona que realizaba los planos de las instalaciones militares. Es decir, tendríamos a ambos espías visitando regularmente Ferrol en los meses anteriores al sabotaje
que destruyó el polvorín de Caranza.
Los ingleses tenían interés en destruir estas instalaciones porque en ellas se aprovisionaban regularmente los submarinos alemanes, aprovechando la oscuridad de la noche. Las frecuentes y regulares visitas de los dos espías a Ferrol en los primeros meses de 1943 coinciden con un espectacular incremento de las actividades del “Intelligence Service” en Ferrol.
Así, en febrero de 1943, Emilio Entero Cataneo, capitán de la aviación republicana e inventor de una espoleta de bomba que funcionaba con magníficos resultados, vino a Ferrol a hacerse cargo de un taller de pirotecnia ubicado en Maniños. Sabemos que, después de la explosión, el teniente de navío Sidney Arlington también vino a Ferrol a intentar recoger a una persona cuya identidad se desconoce, pero, sabiéndose observado, se retiró.
Las actividades de los miembros del espionaje aliado, especialmente los desarrolladas por personas de condición diplomática,eran muy difíciles de evitar por el contraespionaje español por la carencia de medios, especialmente vehículos que pudieran medirse con los poderosos coches de importación usados bajo bandera diplomática.

Además, en el Tercio Norte de Infantería de Marina, en el Regimiento de Artillería y en el Cuartel de Ingenieros funcionaban células del Partido Comunista. La primera célula estaba dirigida por Carlos Allegue Caruncho, militar profesional; la segunda, por Baldomero Lage, el escribiente y secretario del propio coronel;y en el caso de la unidad de ingenieros, por Antonio Castro López.
Antonio Ares Abelleira, conocido enlace de la guerrilla antifranquista,me contó con la mayor naturalidad del mundo que la explosión del polvorín fue obra del espionaje inglés, con el que colaboraban a través de un oficial de artillería con el que contactaba Sol Bértalo, otro enlace de la guerrilla. Esto me lo contó mucho antes de que se abrieran a la investigación los archivos militares que ahora estoy consultando y ahora puedo afirmar que estaba en lo cierto.
También hay que valorar que, en febrero de 1943, el almirante capitán general del Departamento Marítimo de Ferrol,
Francisco Moreno, mandó un escrito al ministro de Marina reconociendo que “hay numerosos agentes del servicio secreto norteamericano por todo el litoral del Departamento” y adjuntaba una copia del cuestionario distribuido a estos agentes. ¿Cómo se hizo Francisco Moreno con este cuestionario? ¿Operaban dos redes de espionaje de manera paralela? Esto es algo que se me escapa en el momento actual de mis investigaciones, pero ya tenemos una recogida de datos (instalaciones en la ría de Ferrol,pantalanes y muelles, mareas, etc.) necesaria para planear la operación
de sabotaje que finalmente se produjo el 22 de junio de 1943.

Aunque no se encontraron pruebas que relacionen a Beatriz Vázquez con la red de espionaje, parece extraño que Lorenzo San Miguel Martínez rompiera en Ferrol su habitual “modus operandi” con las mujeres. Hasta ese momento, todas sus novias en Bilbao, Asturias y Santander tenían simpatías políticas por la izquierda y de todas se sirvió para potenciar la eficacia de su espionaje.La ferrolana es la única con marcadas simpatías franquistas.
¿Intentó hacer lo mismo que con las demás, o simplemente esperaba sonsacarle información de las amistades y círculos derechistas de la ciudad que tan asiduamente frecuentaban Beatriz y Elena? En cualquier caso, de la lectura de las cartas que se cruzaron parece quedar claro que por parte de la ferrolana no había habido otra cosa que enamoramiento.
Beatriz Vázquez Rial nunca contó a su hija lo que pasó.Cuando ésta se enteró por mí, además de la natural sorpresa, empezó a comprender la intensidad con que su madre leía libros relacionados con el espionaje. También se explica las alusiones de su tía Amelia Vázquez Rial al “petardista” vasco que quiso ser su novio, sin que fuera posible arrancarle nada más.
La explosión del polvorín de Caranza Como hemos dicho antes, los ingleses tenían interés en destruir estas instalaciones para evitar el aprovisionamiento que los submarinos alemanes efectuaban por la noche. El 22 de junio de 1943, a las 5.40, se inició el incendio en el polvorín grande (el número 9), donde actualmente están las piscinas del Club de Suboficiales del Montón. Se encadenaron varias explosiones hasta llegar a la más potente, detonada a las 6.00 horas. Al ser un sabotaje controlado, hubo tiempo suficiente para evacuar y no hubo muertos.
Las medidas de seguridad del polvorín eran muy deficientes en todos los sentidos y de noche descendían notablemente.Del recinto, con 600 metros de perímetro, se ocupaban de noche seis centinelas, de los cuales tres permanecían en las garitas. Era frecuente que se durmieran en la guardia.
¿Podemos reconstruir el “modus operandi” del saboteador”?
Es bastante verosímil que fuera de la siguiente manera:El día 21 atracó al polvorín el mercante Skandia con cemento para las obras. El saboteador –camuflado como obrero– participó en la descarga de los sacos y quedó oculto hasta la noche en alguna dependencia del subsuelo. En la brigada de obreros figuraban miembros de la clandestina oposición democrática, como Juan Fernández Rodríguez (antiguo afiliado a la UGT), o parientes de la guerrilla antifranquista y Ángel Sánchez Villa. Para ocultarse en el interior de los polvorines, contó con la cooperación de José Luis Díaz Rodríguez, el soldado encargado de vigilar los pañoles y el interior de los búnkers. Tenía 23 años y era natural de Sarria (Lugo). Le entregó una copia de las llaves. En lassemanas anteriores trazó croquis de los planos del polvorín
y se los entregó a Ángel Monge Antón para que éste levantara un plano lo suficientemente preciso.
La explosión empezó en el polvorín número 6 –el polvorín grande– que era el único que tenía un ángulo muerto en su
tejado, por donde podía escapar fácilmente, porque era de simples tejas. No podía ser visto por ninguno de los  centinelas.
José Luis Díaz Rodríguez muere el día en que empiezan los interrogatorios. Esta muerte es omitida en el expediente
de investigación, pero consta en el libro de defunciones del juzgado. El acta de defunción habla de un accidente
con su arma mientras la estaba limpiando. ¿Se quitó la vida pensando que había sido descubierto o murió en un tiroteo mientras intentaba escapar? El suicidio no debe ser considerado como cobardía, sino como muestra de
respeto para los demás integrantes de la organización, a los que se protegía con la muerte, ya que un interrogatorio largo y con uso constante de la tortura podía terminar con delatar a los compañeros sin por ello salvar la vida propia,
porque su destino –una vez descubierto– era el pelotón de fusilamiento. A su padre no le dejaron ver el cadáver de
su hijo, tampoco le entregaron informe de su autopsia ni le permitieron trasladar el cadáver para que fuera enterrado
en su localidad. Tampoco le abonaron la pensión que correspondía a los parientes de los soldados muertos por accidente o por acto de servicio.
No fue un accidente La explicación oficial dada por el general Manuel Vela Bermúdez determina que la pólvora era inestable y que entre el mucho y variado material explosivo almacenado no todo estaba bien aislado, estando cercanos a los proyectiles, pólvoras y detonantes,alguno de los cuales, por estar defectuoso, hizo ignición y provocó el inicio en cadena de las explosiones por simpatía.
Esta conclusión no se sostiene. En el mismo expediente hay informes del condestable de los polvorines (Antonio Vázquez Díaz) y del laboratorio de Santa Bárbara en Lugones (Asturias) que certifican que la calidad de la pólvora era de “servicio a bordo”(quiere decir en perfecto estado). Otros informes acreditan que los materiales estaban debidamente colocados, sin mezclar explosivos y detonantes. No aporta ningún documento que acredite la veracidad
de sus afirmaciones.
El gobierno de Franco tuvo que tragarse la humillación. No podía revelar la verdad porque era un claro “casus belli” y tendrían que haber entrado oficialmente en la II Guerra Mundial justo cuando la derrota de Stalingrado marcaba el principio del fin para sus aliados nazis.
La organización en A Coruña Ángel García Díez (“Y”). Casado, natural de León y vecino de Coruña, de buena conducta y de ideología izquierdista, sin antecedentes penales. Proporcionaba información de la Fábrica de Armas donde trabajaba así como de la entrada y salida de buques en el Puerto. Además captó y puso en contacto con la red a
su amigo Alberto Álvarez García, empleado en la Maestranza.Alberto Álvarez García (“Z”). Pintor en la Maestranza de la Fábrica de Armas de Coruña, natural de León y vecino de Coruña,de buena conducta y de ideología izquierdista, sin antecedentes penales. Llevaba el control de la entrada y salida de barcos del puerto de esta ciudad y daba partes periódicos acerca de la producción de armas, de su destino y salida.

Juicio y sentencia:El Fiscal Jurídico Militar de la VII Región Militar considera que algunos integrantes de la red de espionaje “dotados de un odio satánico hacia los gloriosos principios que constituyen la esencia de nuestro Régimen Nacional (…) persiguen con el obsesivo propósito de provocar y facilitar en su día un ataque armado que, según su lógica simplista, había de determinar un cambio político”.
El Fiscal establece distintos niveles de responsabilidad. Por un lado están aquellos que “se han dado cuenta  perfectamente de lo que hacían y aspiraban a provocar todas las consecuencias arriba descritas”. En un segundo nivel estaban aquellos procesados que cooperaban en la Red –sabiendo que era una actividad ilegal–“pero no estaba en su ánimo otro fin que ganar dinero y ni se les pasaba por la cabeza que a consecuencia de sus actos pudieran
ponerse en peligro la Patria”. Para los primeros pide la pena de muerte por espionaje en tiempos de paz y delito de inteligencia con grupo, organizaciones y gente extranjera, con el fin de provocar una guerra. Se trata de César Quiñones Rodríguez,Juan Lorenzo Martínez Riestra, Miguel Mauro Estévez, Manuel Rivero San Juan, Emilio San Miguel Herrera, José San Miguel Herrera.
La pena de muerte se aplicó para los cuatro primeros y para los dos últimos se les conmutó por 20 y 30 años de prisión, respectivamente,pretextando trastorno mental. En el caso de César Quiñones Rodríguez, además, se añadió el delito de revelación de secretos militares comprometiendo gravemente la seguridad del país.
A otros quince acusados (entre ellos Álvaro Tébar) se les consideró responsables de complicidad en el delito de espionaje en tiempos de paz, siendo condenados a penas de 20.
A otros doce acusados (entre ellos Víctor Verano Bértalo Blanco) se les acusó de complicidad con el anterior delito y fueron condenados a penas de seis años de prisión.
A otros ocho acusados se les acusa del delito de protección,auxilio y ocultación de los espías.
Finalmente, enumera una relación de procesados que por diversos motivos, tales como deficiencias de la prueba, falta de trascendencia y significación maliciosa de su actuación, no son considerados por este Ministerio como copartícipes a efectos penales en los hechos relatados.
Los bienes de todas estas personas –incluso de las que no ingresaron en prisión– fueron confiscados y subastados, provocando graves problemas de supervivencia. Valga como ejemplo la carta de Rosario Abasolo, viuda de Manuel Rivera San Juan,pidiendo que se le devuelva la máquina de coser Alfa para ganarse la vida. En 1944 valía 1.950 pesetas, una gran cantidad para la época.
Sorprenden algunas reacciones. En el pequeño pueblo de El Grado, de donde era originario César Quiñones Rodríguez,
hablé telefónicamente con varios vecinos que llevaban su apellido.
Ninguno de ellos me reconoció ser su pariente. Su nieta,Sara Paz Quiñones, ferrolana, dejó un significativo mensaje
en un foro asturiano:
“¿Por qué fusilaron a César Quiñones Rodríguez? Soy Sara,su nieta. Nunca supimos por qué fue fusilado el 23 de mayo
de 1943 tras un juicio sumarísimo. ¿Alguien podría ayudarme a saber por que fue represaliado?
Los miembros de la red de espionaje que hemos tratado en estos artículos se jugaron la vida para ayudar a los aliados a ganar la guerra, a restablecer la democracia y sepultar al más odioso régimen político que la Humanidad ha conocido. Algunos –los que fueron fusilados– no pudieron verlo. Los que sobrevivieron sufrieron la enorme  decepción de ver que no sólo la democracia se quedaba en los Pirineos sino que –en el contexto histórico de la Guerra Fría– EEUU y Reino Unido daban a Franco el apoyo necesario para que prolongara su dictadura hasta su muerte en 1975.


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Una respuesta to “LA RED DE ESPIONAJE DE LORENZO SAN MIGUEL MARTÍNEZ”

  1. Javier Says:

    Es muy interesante su estudio sobre la red de espionaje.Soy nacido en Leon y nací no muy lejos donde San Miguel fue ejecutado.He estudiado este asuntoy la he intentado seguir a traves de las Hemerotecas, pero hay un silencio sepulcral en aquella epoca.
    LOs Monje eran una familia muy famosa en leon, pertenecian al Partido Socialista.El padre (o tio de los Monge implicados) estuvo escondido tras la guerra en un pueblecito muy cercano a leon, Vilecha, durante bastantes años. Era ebanista y vivia con sus hijos en la calle Misericordia, del famoso barrio humedo de Leon. Su hija Teresa Monge, era una dirigente de las Juventudes Socialistas, y guapa. Fue asesinada tras el golpe de estado de una forma atroz junto a un grupo numeroso muy cerca de la Virgen del Camino. Ahora existe un monumento conmemorativo.
    Alguno de los Monge implicados podría ser el que era amigo personal de Durruti, hay una foto dedicada por el a Pepe Durruti que era como lo conocian.
    Seria muy interesante escribir un libro sobre este tema puies hay un profundo desconocimiento sobre él.
    La tumba de Lorenzo San Miguel, está en Leon y todos los años algun pariente deposita flores.
    Saludos y ánimo con este asunto


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